De cambios y épicas…

No hace mucho un buen amigo me comentaba la alarmante escasez de épica en el cine español. Salvo contadísimas excepciones creo que no erraba el tiro. No en vano, por mucho que se hayan hecho incontables películas sobre la guerra civil, escenario más que proclive a la épica, la mejor vino de un británico: Ken Loach.

¿A que se debería esta aparente falta de épica? Quizás el cine en nuestro país ha pecado excesivamente de politizarse. No en cuanto a contenido, que también, sino en cuanto a forma. Los animales nunca muerden la mano que les da de comer y así resultaría paradójica la necesidad de nuevas ideas o nuevos contenidos. Y más cuando el espectador no deja de ser un mero vacío con nula importancia a la hora de favorecer tal o cual inversión, o mejor dicho, tal o cual subvención.

Probablemente sea necesario recuperar esa épica. La obligación de sorprender y emocionar al espectador, de hacerle reir, llorar o quebrarle las retinas con imágenes inolvidables es algo que, de puro y sistemático vicio, se ha venido perdiendo en nuestra cinematografía. Lo que debería ser fundamental ha devenido en accesorio. El dato más objetivo es hacer memoria y pensar cuantas películas de nuestro país le han tocado la fibra sensible a uno. Yo tengo las mías y, por desgracia, son menos de las que me gustaría poder contar. Muchas menos.

 Pero tengo esperanza. Como muchas otras cosas, la manera cotidiana de hace cine se está viniendo abajo (si quizás no andaba ya por el alcantarillado) y a buen seguro nazcan nuevas alternativas, como ya están surgiendo desde hace poco tiempo con mayor o menor fuerza. La gran diferencia es que el cine independiente, los nuevos modelos, van a jugársela a un todo o nada basado en la aceptación o rechazo por parte de los espectadores. Y por que no, por parte de unos posibles inversores. Si uno piensa en grandes directores, en grandes cinematografías, no puede desligarlas de la necesidad de atraer a los espectadores. Desde la Nouvelle Vague al indie americano, sobreviven gracias a sus espectadores. Y de mantener contentos a los inversores.

Sin embargo por el celuloide español siempre se ha vivido tan bien que salvo contadas excepciones no ha hecho falta sobrevivir. Siempre se ha hecho tan buen cine que tuvo que venir un británico a contarnos una de las partes más importantes de nuestra historia. Y no un británico cualquiera, sino uno de los que más ha ayudado a presentar nuevas formas de supervivencia… Fílmica, claro está.

Pero bueno. Cuando el grifo deje de gotear, todos nos convertiremos en supervivientes. Y de esta supervivencia lo mismo vuelve a renacer un poquito de épica, que remedio. Un poquito de esperanza para el cine y para el espectador. Poquito a poco, para ello trabajamos. 🙂

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¡Ey, Muñeca!, un adelanto.

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¡Ey, Muñeca!, un adelanto.

¡Ey, Muñeca! será el primer cortometraje de Secuela Films. Para ser honestos, aún no tengo decidido el cartel del cortometraje, probablemente tomaremos algunas fotos cuando rodemos. Sin embargo esta foto que tomé de Alycia, nuestra protagonista, me gusta bastante para resumir lo que es el corto. Creo que tiene un puntillo de esa irrealidad y esa magia paradójicamente cotidiana que me existe tras ¡Ey, Muñeca!, aparte de que me hace algo de gracia la ironía de conseguir efectos sencillos simplemente dándole la vuelta a las cosas.

Pronto desvelaremos más sobre el proyecto, ¡espero que sea de vuestro agrado!

Un poco de por qué.

Hablaremos un poco de filosofía. Filosofía de trabajo. Porque sin trabajo cualquier pensamiento se queda en agua de borrajas.

Hacer cine, hoy en día, se puede considerar relativamente fácil. Tenemos los medios a nuestro alcance y a poco que uno se meta en este mundillo conoce a profesionales más que capacitados. Sólo hay que buscar una buena historia y hacerla atractiva en imágenes. A partir de aquí lo dificil, probablemente, sea orquestar lo que conlleva un rodaje y, por supuesto, financiarlo.

Con la llegada del cine digital esta “orquesta” necesita de muchos menos integrantes. Y de muchos menos costes. Entonces,  ¿por qué seguir estancados en esa idea de grupos de rodaje inabarcables, donde probablemente un auxiliar eche más horas sentado que trabajando? Pues muy fácil, básicamente porque se necesita un amplio equipo para justificar una amplia inversión. O una amplia subvención. Las prácticas para hacerlo ya entran en la moralidad y honestidad de cada uno. Hay de todo, como en botica.

Sin embargo, con la llegada de esta crisis/estafa se corta el grifo de las subvenciones y, parece ser, se enciende la alarma por la que no es posible hacer cine según algunas “voces autorizadas”. Desde luego, no autorizadas por un público que vaya en masa a ver sus producciones, pero bueno, ese es otro tema. Las productoras parecen haberse convertido en una suerte de yonkis de la subvención y, como el dependiente que no ve más allá de su propio mono, se encuentran incapaces de buscar alternativas. Nosotros sí creemos en esas alternativas. Desde luego no somos los primeros en buscarlas, ni seremos los últimos por suerte.

La experiencia de haber trabajado anteriormente tanto en grandes producciones internacionales como en pequeños proyectos independientes nos da la posibilidad de construir una visión de conjunto. Desde luego, no aspiramos a día de hoy a grandes superproducciones (todo llegará) pero si queremos aspirar al menos a tener unos productos honestos y de calidad. Confiamos en los grupos reducidos de trabajo como el medio más sencillo de lograr implicación y cierta democracia a la hora de emprender un rodaje. Y también, como no, para abaratar costes. Lo que desde luego desechamos radicalmente es la lamentable costumbre de dar cada vez más por sentado que no es necesario que los miembros de un rodaje cobren por su trabajo, sea este de la naturaleza que sea. Queremos construir un cine de profesionales, no de favores. Y un cine honesto tanto en la forma de trabajo como en el resultado final.

Probablemente sea difícil pero, en cualquier caso, no tenemos excesiva prisa.

Paso a paso.

¡Larga vida a Secuela Films!

Comenzamos. Tan sencillo como eso.

Quizás debíamos haberlo hecho hace mucho. O quizás no deberíamos haberlo hecho nunca. Los corazones se inclinan por la primera opción. Las madres, por la segunda.

Porque hacer cine trae demasiados quebraderos de cabeza. Demasiados sufrimientos. Demasiados sinsabores. Para el público, el cine es magia. Para el cineasta, el cine es magia. La diferencia, está en el código postal de cada uno.

La magia para el público reside en las historias, en los actores, en los sueños que palpitan desde la gran pantalla. Para el cineasta, la magia está domiciliada en el proceso, en la alquimia que hace que las ideas cojan forma en imágenes… Y nos alcance el bolsillo para pagarlas. Pero a menudo, la casa de magia a la que acude el cineasta tiene otro apellido. Eso obliga a que se vacíen los cines. Eso obliga a que Secuela Films sea necesaria. Por muchos sofocones que traiga a la familia.

Nacemos con dos compromisos. La honestidad y la independencia. El talento, como el valor al guerrero, se nos supone. El camino lo soñamos largo. Y distinto. Muy distinto.

Creemos profundamente en la necesidad de reformar el cine, tanto el proceso como el producto, y queremos poner nuestro pequeño granito de arena para ello. Ni somos los primeros ni, afortunadamente, seremos los últimos. Ni seremos los más talentosos, ni, afortunadamente, somos los menos. Sencillamente, creemos en la honestidad, creemos en la independencia y creemos en el trabajo para hacer que la magia llegue al espectador sin que se robe un ápice de ella en el proceso.

¡Larga vida a Secuela Films!